DE LA MISERIA A LA GLORIA
CAPÍTULO I
LA MISERIA
El día que cumplió siete años, Camilo, el único hijo de los Ope un niño campesino, nacido en el pueblito Urcos en el interior de la sierra de la llamada Intendencia de Arequipa en el Perú, por el año de 1808, encontrose oculto en la oscuridad de una noche cálida, observó asombrado al final del bosque una enorme cocina, aquel lugar atestado de hombres , aquella masa humana laboraba con denuedo, hombres sudorosos, sucios, trabajaban sin descanso destrozando huesos, cortando cabezas, desemplumando aves sobre mesas de cemento blanco, aquel lugar expedía un hedor a muerte , esos surcos donde recorría la sangre de las víctimas hacían advertir en su alma infantil un halo nefasto de maldad y crueldad humana, y al observar que no le veían, recorrió asombrado por aquellos corredores . Más allá ingresó a un salón de productos acabados, allí grandes bandejas de sabrosas carnes, manjares, frutas y vinos eran preparadas para una minúscula corte que celebraría la noche buena de navidad.
Quien es ese muchacho – quien lo dejó entrar – sáquenlo de aquí- se oyó en el corredor , sin mirara hacia atrás, temiendo ser atrapado y victimado, como aquellos animales, Camilo corrió de ese lugar hacia el bosque buscando la protección de la oscuridad , ya a salvo caminó lentamente hacia su casa pensando en lo que había visto, en aquella abundancia de alimentos del cual carecía su familia y demás conocidos , y al estar entre los suyos comprendió por fin la diferencia.
- Sirve ya mujer, estoy hambriento – expresó Don Lucio Ope
- Esperemos hasta las 12 es noche buena de nuestro Señor expresó Lina
- Noche buena? Noche buena dijiste?- ¡Que tiene de buena!.
El lugar enmudeció, las palabras cargadas de resentimiento e indignación resonaron en esa pequeña covacha como un azote en un lugar oscuro y vacío.
Levanto se abruptamente de su asiento y tomando entre sus manos un pedazo de pan seco roído por el tiempo y la cazuela de sopa-exclamo:
¿qué es esto? , es nuestra noche buena?, me rompo la espalda todos los días de dios en el campo de sol a sol y esto es todo lo que dios nos da. Ayer cuando formaba cola para pagar nuestros impuestos al corregidor de Urcos , , protestamos, porque tenemos que pagar casi toda nuestra cosecha de trigo, saben que nos dijo el señor cura : que es menester pagar tus impuestos , además está escrito ganarás el pan con el sudor de tu frente y yo y yo me pregunto, cuando empezará el a pagar y a ganarse el pan con el sudor de su frente.
- y arrojando el pan sobre la mesa maldijo ¡Donde está tu Dios!
- No blasfemes Lucio por favor dios nos puede castigar , no sabes lo que dices, replico temerosa Lina – la bella mujer del angustiado campesino.
Camilo recordó entonces lo que había visto y que no pudo contar , para que, solo exacerbaría más la cólera de su padre y lo reafirmaría en su parecer, descubrió entonces la diferencia, los hombres no son iguales, el señor cura mentía cada domingo en su misa, algunos hombres poseen muchas cosas en abundancia y la mayoría en la miseria - solo deudas interminables que pagar- y sin embargo eso no explicaba el porque, la razón de esta desigualdad que esa cabecita infantil intentaba explicarse al despertar a la dura realidad pero que empezaría a marcar su inocente alma infantil para el resto de su vida.
Aquel cuartucho tétrico de paredes de adobe sobrepuesto techo de paja que al principio significo para él su dulce y placentero hogar donde jugaba sin descanso se convirtió en objeto de comparación y de desprecio.
No hubo noche buena aquel día ni niño dios que recordar con complacencia ni cumpleaños y aunque ese momento motivo a pensar , se dijeron sin decirse, mañana será otro día, otro día, esa falsa ilusión , esa muletilla mental, que permite a los hombres conservar la esperanza y la cordura para no enloquecer , por un mañana mejor , por una solución fortuita, por un Dios benévolo que les escuchará y se compadecerá esta vez.
Una tarde mientras Camilo recogía leña de un bosque seco vio a lo lejos a cuatro jinetes que irrumpían ferozmente por ese tranquilo bosque, parecían demonios apocalípticos aplastando la yerba del camino y anunciando el preludio de una desgracia.
- Vienen por mi padre- pensó, y tirando la leña al suelo corrió hacia su casa, corrió en medio de ese escabroso bosque por el sendero más corto, las hojas secas crujían con cada paso que daba acompañado de una desesperada agitación que lo ahogaba, solo quería ver ya el final del bosque y cerca ya del camino encontró a su madre hilando
- Amá , Amá los perros del corregidor vienen por papá , -donde están- rodean la pradera- pronto estarán en casa, vamos , vamos no perdamos tiempo.
Y mientras Lina y su hijo iban a su encuentro , Lucio enfrentaba a aquellos hombres:
- Soy el nuevo recaudador de impuestos mi nombre es Orestes. Es la primera y la última ves, estás advertido el Conde quiere sus impuestos y si no vas mañana mismo te va a pesar- replico el capataz.
- Estas tierras son las de mi padre, y del padre de mi padre y yo las trabajo , no voy a pagar más impuestos a costa del hambre de mi familia - replicó Lucio con valentía.
- ¿qué dices?
- Que no voy a pagar más impuestos
- Insolente, te crees muy valiente, puedo matarte como un perro y la comarca no perderá nada, nada, porque no vales nada, nadie aquí vale nada, ni tu vida ni tu mujer ni tu hijo todo aquí le pertenece al corregidor, ¿Ahora lo entiendes?
- Dile a tu patrón que no le debo nada
- Te enseñaré a respetar…
Y mientras apuntaba con su arma llego Lina con su hijo y abrazándole fuertemente evitaron que le disparara.
Quien es ese muchacho – quien lo dejó entrar – sáquenlo de aquí- se oyó en el corredor , sin mirara hacia atrás, temiendo ser atrapado y victimado, como aquellos animales, Camilo corrió de ese lugar hacia el bosque buscando la protección de la oscuridad , ya a salvo caminó lentamente hacia su casa pensando en lo que había visto, en aquella abundancia de alimentos del cual carecía su familia y demás conocidos , y al estar entre los suyos comprendió por fin la diferencia.
- Sirve ya mujer, estoy hambriento – expresó Don Lucio Ope
- Esperemos hasta las 12 es noche buena de nuestro Señor expresó Lina
- Noche buena? Noche buena dijiste?- ¡Que tiene de buena!.
El lugar enmudeció, las palabras cargadas de resentimiento e indignación resonaron en esa pequeña covacha como un azote en un lugar oscuro y vacío.
Levanto se abruptamente de su asiento y tomando entre sus manos un pedazo de pan seco roído por el tiempo y la cazuela de sopa-exclamo:
¿qué es esto? , es nuestra noche buena?, me rompo la espalda todos los días de dios en el campo de sol a sol y esto es todo lo que dios nos da. Ayer cuando formaba cola para pagar nuestros impuestos al corregidor de Urcos , , protestamos, porque tenemos que pagar casi toda nuestra cosecha de trigo, saben que nos dijo el señor cura : que es menester pagar tus impuestos , además está escrito ganarás el pan con el sudor de tu frente y yo y yo me pregunto, cuando empezará el a pagar y a ganarse el pan con el sudor de su frente.
- y arrojando el pan sobre la mesa maldijo ¡Donde está tu Dios!
- No blasfemes Lucio por favor dios nos puede castigar , no sabes lo que dices, replico temerosa Lina – la bella mujer del angustiado campesino.
Camilo recordó entonces lo que había visto y que no pudo contar , para que, solo exacerbaría más la cólera de su padre y lo reafirmaría en su parecer, descubrió entonces la diferencia, los hombres no son iguales, el señor cura mentía cada domingo en su misa, algunos hombres poseen muchas cosas en abundancia y la mayoría en la miseria - solo deudas interminables que pagar- y sin embargo eso no explicaba el porque, la razón de esta desigualdad que esa cabecita infantil intentaba explicarse al despertar a la dura realidad pero que empezaría a marcar su inocente alma infantil para el resto de su vida.
Aquel cuartucho tétrico de paredes de adobe sobrepuesto techo de paja que al principio significo para él su dulce y placentero hogar donde jugaba sin descanso se convirtió en objeto de comparación y de desprecio.
No hubo noche buena aquel día ni niño dios que recordar con complacencia ni cumpleaños y aunque ese momento motivo a pensar , se dijeron sin decirse, mañana será otro día, otro día, esa falsa ilusión , esa muletilla mental, que permite a los hombres conservar la esperanza y la cordura para no enloquecer , por un mañana mejor , por una solución fortuita, por un Dios benévolo que les escuchará y se compadecerá esta vez.
Una tarde mientras Camilo recogía leña de un bosque seco vio a lo lejos a cuatro jinetes que irrumpían ferozmente por ese tranquilo bosque, parecían demonios apocalípticos aplastando la yerba del camino y anunciando el preludio de una desgracia.
- Vienen por mi padre- pensó, y tirando la leña al suelo corrió hacia su casa, corrió en medio de ese escabroso bosque por el sendero más corto, las hojas secas crujían con cada paso que daba acompañado de una desesperada agitación que lo ahogaba, solo quería ver ya el final del bosque y cerca ya del camino encontró a su madre hilando
- Amá , Amá los perros del corregidor vienen por papá , -donde están- rodean la pradera- pronto estarán en casa, vamos , vamos no perdamos tiempo.
Y mientras Lina y su hijo iban a su encuentro , Lucio enfrentaba a aquellos hombres:
- Soy el nuevo recaudador de impuestos mi nombre es Orestes. Es la primera y la última ves, estás advertido el Conde quiere sus impuestos y si no vas mañana mismo te va a pesar- replico el capataz.
- Estas tierras son las de mi padre, y del padre de mi padre y yo las trabajo , no voy a pagar más impuestos a costa del hambre de mi familia - replicó Lucio con valentía.
- ¿qué dices?
- Que no voy a pagar más impuestos
- Insolente, te crees muy valiente, puedo matarte como un perro y la comarca no perderá nada, nada, porque no vales nada, nadie aquí vale nada, ni tu vida ni tu mujer ni tu hijo todo aquí le pertenece al corregidor, ¿Ahora lo entiendes?
- Dile a tu patrón que no le debo nada
- Te enseñaré a respetar…
Y mientras apuntaba con su arma llego Lina con su hijo y abrazándole fuertemente evitaron que le disparara.

- Le pagaremos, solo dennos un tiempo hemos tenido malas cosechas por la sequia. Por favor señor -suplicó Lina. Hubo un momento de silencio, incluso el viento dejo de soplar, el capataz tomándose la boca suavemente observo a Lina, a pesar de su pobre vestimenta pareció complacido de verla y al observar su belleza singular apaciguó su cólera, y haciéndose hacia atrás dijo:
- Una semana , solo una, sino volveremos.
CAPÍTULO II
LA CASERIA
Lucio no era un campesino común, era bien hecho, fuerte , en comparación a la mayoría, inspiraba un halo de respeto y dignidad por su probada honestidad y valentía, a pesar de las carencias.
Lucio tenia una rutina de trabajo diaria, junto con su hijo pasteaba sus ovejas en la mañana y controlaba sus cosechas, Luego los sábados viajaba en su carreta para truequear sus productos en la ciudad más cercana a Urcos
Lucio tenia una rutina de trabajo diaria, junto con su hijo pasteaba sus ovejas en la mañana y controlaba sus cosechas, Luego los sábados viajaba en su carreta para truequear sus productos en la ciudad más cercana a Urcos
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